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‘Hello World’: Arte, tecnología y ego digital

Si alguna vez has escrito una línea de código, seguro que conoces la famosa expresión “Hola Mundo” (“Hello World” para los angloparlantes).

Ese mensaje, tan sencillo como simbólico, es el equivalente digital a un primer beso: torpe y emocionante a partes iguales. Es el saludo inicial de un programador random al mundo de los bits, como una especie de “¡aqui estoy porque he venío!”

Pero, ¿qué tiene de especial este par de palabras? Aunque parece trivial, “Hola Mundo” marca el primer flirteo con el lenguaje de las máquinas, un ritual nerd de iniciación que nos dice que ya estamos listos para adentrarnos en el universo de la programación.

Lo más curioso es que esta frase se ha escapado de la tecnología para conquistar otros terrenos. 

“Hola Mundo” no solo vive en códigos y pantallas; también ha saltado a lienzos, esculturas y escenarios artísticos de todo tipo. Desde murales interactivos hasta instalaciones en neón que gritan «Hello World!» con descaro, el simple mensaje se ha convertido en una musa inesperada para artistas con mucha chispa.

¡Hello Metal World!: Código, riffs y guitarras de fuego 😈

Empieza subiendo el volumen.

Nanowar of Steel, la banda cómica de heavy metal (tributo/parodia de los míticos Manowar 🎸), ha lanzado una canción titulada “HelloWorld.java”, una caricatura del tradicional programa “Hello World” escrito en Java. 

Las letras fusionan riffs con las peores pesadillas de un programador. Ingenio, melodías pegadizas y un huevo de referencias a la cultura de la programación. Errores intencionales y una canción que lee el código en voz alta (tú también lo harás).

Este es el video del código fuente disponible, ideal para programadores que hacen headbanging y headbangers que programan.

Ojo, el proyecto se ha publicado en GitHub y Reddit. SEMICOLON!!! 🤘🎵

“Hola Mundo” no solo vive en códigos y pantallas; también ha saltado a lienzos, esculturas y escenarios artísticos de todo tipo. Desde murales interactivos hasta instalaciones en neón que gritan «Hello World!» con descaro, el simple mensaje se ha convertido en una musa inesperada para artistas con mucha chispa.

Un interruptor del arte contemporáneo

Hablando de arte y chispa, un aplauso al artista contemporáneo Valentin Ruhry, quien decidió llevar el “Hello World” al siguiente nivel con una pieza que combina minimalismo, tecnología y un poco de humor. Su obra, titulada precisamente “Hello World”, está compuesta por cientos de interruptores eléctricos autoiluminados que funcionan como píxeles. 

Un tablero donde cada interruptor puede encenderse o apagarse, formando letras y mensajes, pero que, por respeto al arte, nadie se atreve a modificar. Es como tener un juguete megacaro que nadie quiere tocar, no sea que el MoMA te meta un paquete.

Claro que, siendo honestos, incluso si alguien quisiera alterar el mensaje, la baja resolución del sistema no da para grandes virguerías. Así que por ahora, el “Hello World” de Ruhry sigue siendo el rockstar indiscutible de su exposición: simple, directo y con toda la vibra de un clásico inmortal.

Código, amor y realidades paralelas

Después de explorar cómo «Hello World» ha marcado su huella en el «arte» y la música, el cine no podía quedarse atrás. El anime japonés Hello World lleva esta frase icónica al límite de la ciencia ficción y el romance, demostrando que incluso en realidades simuladas, un simple saludo puede desatar historias de amor y desafíos existenciales. Aquí, la tecnología no solo crea mundos, sino que también les da alma.

En el anime Hello World (Harô Wârudo, 2019), la frase más básica de la programación da un salto al futuro en un Kioto donde la realidad es más manipulable que un código mal escrito. Naomi Katagaki, un adolescente algo torpe, descubre que su mundo es una simulación, pero eso no lo detiene para hackear las reglas del juego y salvar a su amor.

Con un cóctel de viajes en el tiempo, dilemas digitales y un toque de romance, esta película reinterpreta «Hello World» como un saludo entre realidades y una declaración de amor geek. Porque sí, hasta en un sistema simulado, los bugs del corazón son inevitables.

Si quieres descubrir cómo un «Hello World» puede convertirse en una revolución romántica entre líneas de código, échale un ojo a su ficha en IMDB. Porque sí, el amor también tiene bugs, pero estos son de los buenos. ❤️🐞 Aquí en IMDB.

La vida entre humanos y algoritmos

En el libro Hello World: How to Be Human in the Age of the Machine, la matemática y divulgadora Hannah Fry nos ofrece un tour guiado por ese mundo maravilloso y a veces caótico donde los humanos convivimos con algoritmos… aunque muchas veces no sabemos ni que están ahí.

Fry analiza cómo estas fórmulas invisibles que rigen desde nuestras búsquedas en Google hasta la sentencia de un juicio tienen un impacto más grande que la Wi-Fi en nuestras vidas (y eso ya es decir mucho). Con su característico humor británico, explica cómo la tecnología no es ni buena ni mala, pero tampoco neutra, y plantea una pregunta que es un bug existencial: ¿cómo seguimos siendo humanos en un mundo donde los algoritmos deciden por nosotros?

El libro va mucho más allá de una simple lección sobre inteligencia artificial. Fry disecciona casos tan variopintos como un programa de software que superó a los médicos diagnosticando enfermedades y un sistema que predice delitos antes de que ocurran (como Minority Report, pero sin Tom Cruise). Eso sí, todo con un toque crítico que deja claro que no podemos abdicar nuestra capacidad de juicio ante los «dioses» tecnológicos.

Hola Mundo, de Anna Fry

Y, como buen tributo al Hello World de la programación, el libro es un saludo ingenioso y algo irreverente a un futuro lleno de posibilidades, pero también de desafíos. Porque si hay algo que Fry deja claro, es que la humanidad todavía tiene algo que aportar, incluso si los algoritmos se creen los jefes. 

Aquí la edición del libro de Blackie Books.

Pues damos por terminado este viaje por los mundos de «Hello World», donde el arte, la tecnología y hasta las realidades paralelas nos muestran que un simple saludo puede romper códigos, abrir puertas y desatar la creatividad. 

Al final, «Hello World» no es solo una frase; es una invitación a imaginar, a cuestionar y a dejar huella en cualquier disciplina. Porque si algo hemos aprendido aquí es que, en el arte y en la vida, todo empieza con un buen «¡Hola!» 

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